Últimos artículos

Amán

Quien ríe el último…

Por Laila M. Rey

El día que el jefe regresaba de un viaje de negocios el ambiente se electrizaba; como si los compañeros pudieran compartir hilos invisibles de energía. Toda la oficina se transformaba en un enorme erizo puntiagudo, listo para el próximo envite. La subdirectora, que solía acercarse cordial a las chicas para conversar,  se quedaba ese día en su despacho repasando los asuntos que luego trataría con el director. Sofía revisaba por enésima vez las reservas de Semana Santa y Hana hacía una lista de los temas que había tratado con nuestro principal cliente.

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Londres

Sandeman Allen House

Por Adrián Badía

«¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida…? ¿Cómo seguir adelante cuando, en tu corazón, empiezas a entender que no hay regreso posible…? Que hay cosas que el tiempo no puede enmendar… aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz.» Sí hay regreso, pero no regresa la misma persona que se fue.

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Londres

Bordeando Notting Hill

Por Adrián Badía

Veo repetidos, por tercera vez, los goles de Bélgica en la tele de mi nueva habitación. A su lado, encima del pequeño frigorífico, el vapor de la tetera me avisa de que el agua hierve, así que me sirvo el té. No me culpen por ello, mi compañero de trabajo me pregunta cada hora si quiero té. Empiezas por un sí al día, la cuenta va aumentando, y después ya te lo pide el cuerpo. Hay que adaptarse.

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Sídney

Una forastera en tierras australianas

Por Cristina Sanabria

La semana pasada tuve la suerte de que un amigo australiano me invitara a pasar unos días en su casa con su familia, lo cual significa toda una nueva experiencia para una curiosa forastera como yo. Cuando haces este tipo de viajes, te das cuenta que hasta que no te adentras en la verdadera Australia no sabes realmente cómo es. Vivir en Sydney no es más que vivir en una ciudad grande, influenciada por diferentes culturas, especialmente la asiática y camuflada por el estereotipo australiano que se muda a vivir a la ciudad.

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Amán

Las primeras lágrimas

Las lágrimas ajenas son el presagio de nuestros futuros escarnios. La primera vez que vi a Hana -un alma de cántaro, tan fuerte y frágil al mismo tiempo- volver de la oficina del jefe con las pupilas vidriosas, supe que el trabajo no sólo no tenía arreglo, sino que iba a empeorar. (más…)

São Paulo

Brasil 2014: mucho más que un Mundial

Por Carlos Fernández

«Los autobuses paran sus actividades en Río y Sao Paulo. La Policía Civil en huelga 24h en 13 de los 27 estados. La Policía Rodoviaria llama a una marcha en Brasilia. Los profesores de algunas redes municipales casi 30 días sin dar clase. Grupos de indígenas se manifiestan en la capital…»

A falta de unos días para el inicio de la Copa del Mundo nadie podría imaginar que el “país del fútbol” sería foco informativo de protestas. ¿Qué está pasando en Brasil?, es lo que todo el mundo parece preguntarse asombrado. (más…)

Amán

La primera entrevista

Por Laila M. Rey

Cuando el taxi me dejó en la puerta del edificio, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. No sabía si era el mosaico con el nombre de la empresa en la entrada o las puertas de cristal. O la mirada indiferente que apenas me rozó de la chica de la limpieza.  Pero cuando entré finalmente en el despacho de mi nuevo jefe, hasta el aire parecía condensado de tensión; como si todo gravitara en torno a esa oficina. (más…)

Amán Barrios del mundo

Vivir en Jebel Weibdeh

Por Laila M. Rey

Al Weibdeh es uno de los barrios más antiguos de la capital del Reino Hachemita. Amman había permanecido prácticamente desierta durante siglos hasta que un grupo de circasianos originarios del Cáucaso se instalaron en 1878. Durante las siguientes cuatro décadas, lo que era un pueblo se fue transformando poco a poco en una ciudad, sobre todo después de que se construyera el tren de Hejaz que unía a Damasco con los lugares santos de la Meca y la Medina bajo la dominación del Imperio Otomano. (más…)

Berlín

Sobre el sol berlinés

Por Ignacio Urquijo

Al principio no entendía por qué los alemanes tenían esa fijación por el sol. Los veía tostarse en alguna de nuestras playas, hasta ponerse peligrosamente rojos, y no comprendía por qué les producía tanta felicidad quemarse la piel. Después de una temporada en Berlín no solo los he entendido, sino que he empezado a imitarles. Son tan duros los días de gris plomizo y lluvia cansina que en cuanto se abre el cielo y aparece un rayito de sol -a veces cada tres días, otras cada tres semanas- uno corre a cerrar los ojos, poner una sonrisa de bobo y dejarse acariciar por el calor reconstituyente.

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