Diario de mi primera maratón

Por Nacho Urquijo.

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Domingo, 21 de septiembre de 2025.

Aquí estoy otra vez, con muchísimas ganas de empezar esta nueva aventura.

Anoche, en un impulso de sábado melancólico, me apunté a la maratón de Kioto. La famosa es la de Tokio, pero ya había pasado el periodo de inscripción, y la de Kioto no solo estaba todavía disponible, sino que además tenía a Super Mario como uno de los principales espónsores (véale el dorsal que ilustra esta entrada). No se podía pedir más.

Ha sido, desde luego, una decisión poco meditada. Al terminar mi primera media maratón, en Viena, hace algo más de un año, en abril de 2024, no tenía ninguna intención de intentar esta distancia tan larga. Me costó cubrir los 21 kilómetros sangre, sudor y lágrimas, literalmente, pero el proceso para llegar hasta ese día me gustó tanto, que quiero repetirlo. Y el reto de la maratón, los legendarios 42 kilómetros, sí lo quería intentar alguna vez en la vida. Y si no ahora, ¿cuándo? Y si no en Japón, ¿dónde mejor?

La fecha para la gran cita es el 15 de febrero. Tengo algo menos de cinco meses para prepararme. Probablemente no es suficiente, pero intento autoanimarme diciéndome a mí mismo que ya llevo muchos años entrenando para este momento. Mis estadísticas de la app de Nike me dicen que empecé a salir tímidamente a correr en 2015, con unos humildes 81 kilómetros recorridos durante todo ese año. Esos primeros kilómetros fueron en realidad los que tienen más mérito de todos los que he corrido con posterioridad, porque partía de cero. Recuerdo esas carreras con mucho cariño. Me sirvieron como vía de escape en una época en la que estaba muy perdido en lo profesional y, desde entonces, no he dejado de recurrir al «running» como una de mis formas favoritas para cuidar mi salud mental.

Como se puede ver en el gráfico, tras el 2015 fui aumentando la distancia y la frecuencia, hasta llegar a superar las 100 carreras en el año pandémico del 2020, cuando estábamos todos intentando no volvernos locos (por suerte a mí me tocó vivir la pandemia en Croacia, donde no hubo confinamientos).

Los últimos años he bajado algo el número de kilómetros en comparación al 2020, pero no he dejado de correr y lo tengo como parte innegociable de mi rutina semanal. Hoy por hoy, es mi forma de entender el mundo. Correr fue lo primero que hice cuando llegué a Manila, como conté en el primer artículo de la serie que escribí recientemente sobre mi vida en Filipinas, y es lo que acabo de hacer hoy mismo, poniéndome el despertador a una hora inoportunamente temprana para ser domingo, con el objetivo de llegar con tiempo al Triángulo de Ayala durante el periodo en el que lo cierran al tráfico, de 6:00 a 10:00.

Se ha convertido en mi nueva costumbre de los domingos y la disfruto mucho, a pesar de los madrugones, la humedad y, supongo, de la polución, aunque yo no la noto tanto. Es un recorrido muy agradable, porque corres entre palmeras y árboles, pero en mitad de la calle. Por un rato, me siento el dueño de la carretera, reclamando el espacio a los coches, las motos, los jeepnies y los autobuses. Durante unas pocas horas a la semana, los corredores y los ciclistas somos los protagonistas en un escenario en el que normalmente no nos dejan estar.

Esta mañana fue incluso más especial, porque mientras avanzaba kilómetros, iba pensando en Kioto. Meditaba sobre si seré capaz de cubrir la distancia de la que tanto hablaba Murakami en mi idolatrado De qué hablo cuando hablo de correr, y de si realmente tengo tiempo para entrenar. No solo porque tengo apenas cuatro meses, sino porque únicamente voy a salir a correr dos días a la semana. Ya tengo comprometidos otros dos días para hacer jiujitsu, y estoy disfrutando tanto esta nueva afición que no voy a dejar de ir ningún día en favor de una carrera más a la semana. Espero que de alguna forma lo que entreno sobre el tatami sea transferible, aunque de forma intengible, al asfalto.

Además, otro aspecto que me hace especial ilusión es el de utilizar estos entrenamientos, una vez más, como una excusa y una motivación para escribir. Desde que terminé la serie de cincuenta artículos para El Periódico Extremadura hace tres meses, no he conseguido volver a escribir de forma regular, y lo echo de menos. Es difícil encontrar un hueco para reflexionar por escrito cuando no estás obligado a ello. No me van a leer tantas personas como en el periódico. De hecho, ni siquiera voy a compartir estas entradas con nadie, pero la experiencia escribiendo sobre la media maratón de Viena salió tan bien, que aquí me encuentro de nuevo, disfrutando de hacer ejercicio físico y mental. Mens sana in corpore sano, que decía algún romano.

Habrá publicaciones más largas, habrá otras más cortas, pero me comprometo a escribir algo después de salir a correr cada día desde hoy hasta el 15 de febrero, cuando sepamos si he conseguido colgarme la medalla patrocinada por Super Mario.

Y si no lo consigo, habré disfrutado del recorrido.


4k. Martes, 23 de septiembre de 2025. 

Hasta hoy, estaba convencido de que las carreras más difíciles de afrontar eran las más largas. Hasta que llegaron las 8 de la tarde de un martes especialmente pesado, con trabajo por doquier y un súper tifón adornándolo todo, y me di cuenta de que apenas me quedaba tiempo para completar la carrera programada del día. Chatgpt me ha dicho que salga a correr tres veces por semana y, a falta de mejor entrenador,
o al menos de uno real, le voy a hacer caso de momento.

Según el plan diseñado por la inteligencia artificial, debo correr cada martes y jueves una distancia más corta, y el domingo una carrera más larga. 

Las distancias irán creciendo hasta llegar a una tirada de más de 30 kilómetros en enero. Lo curioso, y es algo que yo no sabía hasta hace no mucho, es que para entrenar maratones, nunca llegas a correr los 42 kilómetros hasta el mismo día de la competición. 

Pero todo este plan de la lechera se venía abajo el primer día junto al cansancio de un martes gris y plomizo. Finalmente, agarrándome al último hilito de motivación, conseguí́ subirme a la cinta, completar los humildes pero heroicos 4 kilómetros. Los más complicados de mi vida.

4k. Viernes, 25 de septiembre de 2025.

Siempre me ha parecido un poco absurda aquel debate que se pregunta sobre si un árbol se cae en mitad del bosque y nadie lo oye caer, ¿se ha caído realmente? ¡Pues claro! Ahí́ está, en el suelo. Me parece que el debate demuestra una visión muy antropocéntrica de la existencia y puede extrapolarse a la reticencia que tengo a salir a correr sin el reloj que registra cuánto he corrido.

Si esos kilómetros no aparecen en Strava para ser admirados por propios y extraños, ¿sucedieron realmente? 

Después de un par de carreras sintiendo que corría para la foto en lugar de para mí mismo, llegué a un compromiso interno: seguiría llevando el reloj para registrar la actividad, pero no la compartiría públicamente en ninguna red social (al menos no de forma automática y habitual). Funciona, porque me motiva ver cómo suben los kilómetros cada mes en la aplicación, comparándome y compitiendo conmigo mismo, pero no tengo la presión añadida de tener que conseguir siempre el tiempo perfecto porque luego va a ser escudriñado por mis «seguidores». 

Hoy fue una de esas carreras que no habrían recibido muchos «Kudos»: cuatro kilómetros en el mismo mini circuito de 300 metros que ya he recorrido 

varias decenas de veces desde aquella primera vez que salí a correr por un parquecito de Makati, recién llegado, y empezó a llover tropicalmente sobre mi cabeza. Tuve que acortar la carrera porque caían ramas partidas por la fuerza del agua. 

A pesar de lo modesto de la distancia, la carrera fue especial por dos motivos: es la primera vez que salgo dos veces a correr entre semana en mucho tiempo, siguiendo el plan de Chat, y conseguí calzar una carrera el viernes a última hora, con la planta del pie dolorosa por llevar demasiado tiempo los zapatos de trabajo durante la semana. 

Así que considero esta carrera como un nuevo éxito que quedará yaciendo tranquila, silenciosa, en el bosque de los entrenamientos para la maratón.

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Domingo, 28 de septiembre de 2025

Hace 15 años dedicaba las madrugadas a buscar discotecas abiertas por Madrid. Hoy las invierto en buscar maratones por Filipinas. Y me siento mucho mejor.

Anoche me di cuenta de que necesitaba alguna motivación extra para empiezar a subir más el kilometraje de los entrenamientos largos.

Después de una febril búsqueda Internet, y tras darme cuenta de que ya me había apuntado a otra carrera de 10 kilómetors a finales de octubre que había olvidado, encontré la candidata perfecta: Manny Pacquiao Half Marathon. Me pareció tan perfecta que tuve que revisar si no era una estafa. El mismísimo Pacquiao, el deportista filipino más reconocible y laureado de la historia del país que me acoge, apadrinando una carrera que no parecía tener demasiada repercusión.

Busqué en redes sociales fotos de la edición anterior, para comprobar que realmente había ocurrido, y efectivamente, allí estaba el bueno de Manny animando a los corredores encima de un ring antes de comenzar la carrera.

Así que me apunté sin dudar. Será mi segunda media maratón, después de la ya narrada media maratón que corrí en Viena. Esta vez, cambiará las largas avenidas de Prater por las carreteras de Parañaque. Y me apetece incluso más.

¡Y encima la medalla tiene forma de guante de boxeo! No se puede pedir más.

Con la ilusión de esta nueva carrera a la vista, salí a correr esta mañana por Ayala Triangle, mi escenario de los domingos, una tirada más larga de lo que hasta ahora estaba acostumbrado a correr estos días. Llegué a los 8 kilómetros, sabiendo que poco a poco tendré que ir subiendo la distancia para ir acostumbrando a mi cuerpo a la barbaridad que será correr 42 kilómetros en febrero.

Las piernas me respondieron bien, pero salí demasiado tarde a correr (las 8:45 ya se considera tarde por estos lares tropicales) y recibí demasiado sol sobre la cabeza, lo que ha conllevado que a lo largo de la mañana cayera en un sueño letárgico en el que hablaba con Manny Pacquiao y acabábamos haciéndonos una foto juntos. Quizá fue una premonición.

Con la carrera de hoy termina el tercer y último entrenamiento de lo que ha sido mi primera semana de preparación para la maratón de Kyoto.

He creado un Excel para comprar lo que me pide Chatgpt con lo que finalmente voy haciendo.

Hasta la próxima carrera.

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