Últimos artículos

Hong Kong

Cualquier día

Texto y fotos por Laura Ledo

Cuando me despierto, no importa lo temprano que sea, me incordia la luz. Aún con el cuerpo entumecido me pregunto por qué la ansiedad mañanera de los conductores del barrio. Los autobuses apurados, los semáforos lentos, las caravanas inaceptables con la melodía irritante de las bocinas… Señores, que son las seis de la mañana. La vecina de al lado abre la reja de la puerta con un empujón descuidado y es la señal definitiva: el día ha comenzado. A partir de aquí es el reloj y el metro, las escaleras mecánicas abarrotadas, las mareas, los sándwiches para llevar, las señoras en la calle que te ofrecen periódicos en chino absoluto –y con tu cara occidental, les sonríes fugazmente “no entiendo ni una palabra (todavía)”–. La cuesta al trabajo, la humedad en el edificio, las sardinas en el ascensor y de nuevo el reloj, pero con risas de niños y pequeñas victorias lingüísticas. Así es la semana, eminentemente.

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Bucarest

Una carta desde Bucarest

Entró Goran Bregović luciendo un impoluto traje blanco en el escenario y lo primero que hizo fue presentar a sus músicos: “this is my band for weddings and funerals”, su grupo para bodas y funerales.

Y lo cierto es que lo parecían. Dos señoras búlgaras que rondaban la edad de la jubilación vestidas con coloridos vestidos folclóricos, varios hombres con camisa blanca y chaleco negro sosteniendo instrumentos de viento y luciendo diferentes grados de barrigas prominentes y, junto al inmaculado Goran, un hombre de tez de aceituna y camisa negra con adornos brillantes, encargado de la percusión y, lo más importante, el responsable de la voz.

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Hong Kong

Naranjas y monos (sobre el Año Nuevo Chino)

Por Laura Ledo

En la lucha de Hong Kong, quien aprecia la tranquilidad de los días, se agobia. Aquí no hay horizontes anchos o espacios abiertos. El cielo está un poco más lejos, más alto que en la planicie castellana o los acantilados de Fuerteventura. Como si las colmenas en las que se aprietan las familias hongkonesas explicitaran, midieran exactamente la distancia entre el sol –estos días escondido– y la tierra. Como escaleras, grises y vivas. (más…)

Kentucky

El Greyhoundticismo. O el romanticismo de viajar en Greyhound.

Por Beatriz Pérez Reyes

Una de las imágenes míticas de Estados Unidos y de sus películas (¡y de su música!) es la de la del legendario Greyhound. Muchos de ustedes dirán “¿grey qué?”. A lo mejor, no por el nombre, pero, ¿quién no ha visto la clásica película Hollywoodiense en la que fugitivos (ya sean: parejas que buscan un lugar en el que rehacer sus vidas; asesinos que huyen de su crimen; adolescentes rebeldes que se marchan de casa de sus padres; gente sin dinero y sin nada que perder que va en busca de un futuro mejor…) van a una estación, compran un ticket exclamando desesperadamente: “¡al sitio al que más lejos pueda llegar con X dólares, por favor!” y se meten en un bus durante horas, días, hasta que llegan al lugar deseado? (más…)

Hong Kong

7000 km.

Por Laura Ledo

Hong Kong no estaba a 7000 km de distancia. Quien me hizo el cálculo de la separación ineludible se quedó corto. Digamos que está muy lejos. Y yo estoy aquí desde hace dos semanas. Al poner el pie en el taxi más viejo que vi nunca y mirar por la ventana lo que podía de los rascacielos, pensé que me había equivocado alejándome de “los míos”. Pero es mejor evitar el pánico.

Dos semanas me han dado para entender que aquí la gente siempre tiene prisa. Que las instalaciones están inteligentemente preparadas para no perder el tiempo. Que las colas son enormes pero se mueven rápido, como los cuatro ascensores del edificio eterno en el que cada día enseño español y en los que es raro escuchar Good morning pero habitual excuse me cuando se quiere salir y estamos como sardinas en lata. Las casas son pequeñas y diré que frías: ha coincidido mi llegada con la mayor ola de frío que vive esta zona del planeta desde hace unos 70 años. Ajá. Ya lo echaré de menos cuando llegue la estación del derretimiento.

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Edimburgo

Una nueva incorporación

Por Silvia Sánchez.

Intento recordar cuándo fue la última vez que escribí. Cuántas veces he abierto este documento para volver a editarlo una y otra vez. Borrar, añadir otro párrafo. Cambiar el orden. Borrarlo todo otra vez. Mirar la pantalla en blanco, buscando la inspiración que por un extraño motivo solo me visita después de un par de copas de vino…Son las diez de la noche, pero sin copa de vino en la mano.

Con dificultad recuerdo mi última noche en Madrid, hace casi cinco años y medio. Jugando con mi perro, hablando con mis hermanas. Algunos mensajes de despedida. La maleta sin hacer por culpa de esa emoción que te embarga antes de cualquier viaje.

Aquí, ahora, dos gatas a los pies de mi cama, mi bebé a un metro de distancia y mi -espérate que aún no me acostumbro- futuro marido al otro lado del colchón. Cookie se me acerca ronroneando. No hay manera de contaros todos los cambios del último año y medio. Bromeo con mi hermana , “ya no sé hablar”. Y escribir menos.

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Bucarest

¿Por qué Bucarest?

Por Ignacio Urquijo

Vuelvo a España por Navidad y me encuentro con conocidos a los que hace tiempo que no veo, ni siquiera por Facebook (que ya es decir). Así que toca resumir tu existencia en un par de frases concisas, como si eso fuera posible, para ponerse al día de forma educada sobre los progresos vitales. Después de varios encuentros, puedo ya reconstruir el patrón de conversación: primero me preguntan por dónde ando ahora. Les respondo que por Bucarest. Acto seguido vienen ojos en blanco por parte de mi interlocutor. A veces provocados por el esfuerzo de discernir la diferencia entre Bucarest y Budapest (yo también solía confundirlos). Cuando por fin les confirmo que sí, que me he ido a vivir a la capital de Rumanía, lo siguiente que me suelen espetar es un sorprendido «¿por qué?». A veces, directamente, es un «¿para qué?», que es similar al por qué pero suele estar seguido por un «narices te has ido allí», o alguna palabra peor.

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Londres

Luces y recuerdos de Londres

Por Adrián Badía

El avión aterriza más bruscamente de lo normal. Ha sido, aún así, un vuelo tranquilo. Muchos asientos iban desocupados y el desembarco es ágil y fluido. La T2 del Prat está prácticamente vacía, así que se forman pocas colas en el control de pasaportes y la gente circula rápida hacia la salida, donde no hay prácticamente nadie esperando.

Ha sido el sexto viaje a Londres en menos de un año. La empresa organiza las reuniones trimestrales de ventas de tal manera que siempre se puedan enlazar con el fin de semana, y de esta manera queda a elección del empleado poder reservar el vuelo el viernes y disfrutar -a su cuenta desde el momento del aterrizaje, por supuesto- de dos días más en la urbe londinense. Buena cuenta sabe el que ha seguido este blog alguna vez que siempre hago uso de dicho privilegio. Así que ésta no ha sido menos. ¿Eh, Angie? (más…)

Amán

2015: Gracias, año agridulce

Por Laila M. Rey

Este ha sido un año agridulce. Dejé un trabajo seguro en abril, con un sueldo razonable cada mes, para convertirme en freelance y hacer lo que siempre había querido: periodismo. Gracias a la visita inesperada de un fotógrafo conseguí publicar varios artículos en un periódico español que, tras un pequeño susto y una visita a los servicios de seguridad, acabó acreditándome en el país. Por fin pude trabajar legalmente, con tarjeta de periodista y residencia por el periodo de un año. Ha sido la primera vez en todo este tiempo que no he tenido que preocuparme en renovar mi visado o pensar por qué frontera voy a cruzar para poder seguir en Jordania. Haber conseguido eso me ha dado cierta seguridad que no había disfrutado hasta entonces. Ahora puedo moverme por el territorio sin pensar si llevo o no el pasaporte dentro de mi pequeña riñonera, que llevaba siempre bajo la ropa por precaución. Ahora basta con enseñar mi tarjeta de residencia para que se abran todas las puertas.

He entrevistado en árabe a decenas de personas, sobre todo refugiados que huyen de la violencia de Irak y de Siria. He conocido el horror de tantas maneras que ya no estoy segura de si los testimonios me perturban tanto como al principio. He conseguido hacer coberturas sobre una de las organizaciones que más está ayudando a los heridos de guerra: Médicos Sin Fronteras. He viajado al norte del país para conocer de cerca las consecuencias de los barriles bomba que Bashar al Asad lanza contra su propia población indiscriminadamente, recogiendo las palabras de los supervivientes, casi tan demoledoras como los rostros demacrados que las contaban.

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Bali Sídney

Bali: Guía para disfrutar del paraíso y no asfixiarte en el intento

Por Cristina Sanabria

Una de las ventajas de vivir al otro lado del mundo, es que puedes viajar a países que están cerca de ese otro mundo. Mi última aventura tuvo como destino Bali. Esta isla, habitada por más de 4 millones de personas, es conocida por ser la joya de Indonesia, gracias al intenso verde esmeralda que tiñe todos sus arrozales y al diáfano azul de sus costas. Costas que atraen a infinidad de turistas y que son aprovechadas por los balineses para acuciar sus necesidades básicas.
Una vez aterrizados en el aeropuerto de Denpasar, es muy fácil moverse por la isla, ya que no es de gran extensión. Habrá millones de taxistas y de conductores privados que se abalanzaran a tu salida del aeropuerto. Simplemente elige el que más te convenza y nunca aceptes viajar por más de 350.000 rupias.

Mi primer destino fue Ubud, conocido mundialmente gracias al éxito de la película Come, Reza, Ama, interpretada por Julia Roberts, la cual encuentra el amor entre los campos de arroz de esta maravillosa aldea. Gracias a esta película, basada en un best seller, encontrarás muchas mujeres en busca de respuestas vitales, o viajes espirituales. No obstante, no hace falta buscar ninguna excusa para visitar este maravilloso poblado repleto de increíbles templos, como por ejemplo, Goa Gajha, una cueva sagrada tallada con forma de elefante, o su conocido Monkey Forest, bosque repleto de árboles centenarios y habitada por traviesos monos que intentaran robarte todo lo que lleves en las manos.

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