Por Laura Ledo
En la lucha de Hong Kong, quien aprecia la tranquilidad de los días, se agobia. Aquí no hay horizontes anchos o espacios abiertos. El cielo está un poco más lejos, más alto que en la planicie castellana o los acantilados de Fuerteventura. Como si las colmenas en las que se aprietan las familias hongkonesas explicitaran, midieran exactamente la distancia entre el sol –estos días escondido– y la tierra. Como escaleras, grises y vivas. (más…)
