Por Nacho Urquijo.
Mi conocimiento sobre Taiwán, durante la mayor parte de mi existencia, ha sido bastante limitado y en gran medida asociado a la rúbrica que aparecía en la mayoría de los juguetes con los que crecí: “Made in Taiwan”.
Aprendí el significado de la frase por inducción, mucho antes de saber inglés. Aquel Power Ranger rojo que me acababa de comprar, y que tenía escrito “Made in Taiwan” en la planta del pie, debía estar hecho precisamente en aquel lugar exótico. Por aquel entonces, suponía que Taiwán debía quedaba cerca de China y de Hong Kong, más que nada porque el resto de mis juguetes venían de esos otros lugares.
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