Berlín

Sobre el sol berlinés

Por Ignacio Urquijo

Al principio no entendía por qué los alemanes tenían esa fijación por el sol. Los veía tostarse en alguna de nuestras playas, hasta ponerse peligrosamente rojos, y no comprendía por qué les producía tanta felicidad quemarse la piel. Después de una temporada en Berlín no solo los he entendido, sino que he empezado a imitarles. Son tan duros los días de gris plomizo y lluvia cansina que en cuanto se abre el cielo y aparece un rayito de sol -a veces cada tres días, otras cada tres semanas- uno corre a cerrar los ojos, poner una sonrisa de bobo y dejarse acariciar por el calor reconstituyente.

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São Paulo

Cristales Rotos

Por Carlos Fernández

“Acabábamos de ‘pillar’ hachís y marihuana, pero la policía nos prendió.  No es normal que se metan en los ‘negocios’ de la favela, pero sacaron las armas, nos pusieron contra el coche,  y nos llevaron a comisaría. Por el camino nos amenazaron. Al parecer, se había acabado la vida para tres chavales de clase media alta. Sin embargo, al llegar, nos dijeron que pasáramos como si fuésemos sus amigos. Allí, en plena oficina, en un despacho que había vacío, mientras imprimían los papeles que nos condenaban, nos instaban a llegar a otro tipo de acuerdo. No teníamos lo que pidieron, pero nos acompañaron, casa por casa, y dimos lo que pudimos: 600 Reais y un reloj, 500 reais… Luego volvimos a la Comisaría, nos devolvieron la droga y nos marchamos. Siempre hay otro “jeito”, “otra manera” de solucionar las cosas en Brasil”. B.M, ciudadano brasileiro. (más…)

Londres

Paseando entre Nelson y Alejandro

Por Adrián Badía

Segundo mes. El viejo párrafo que alimentaba mi melancolía día tras día se va diluyendo en los nuevos comienzos que, inevitablemente, iban a llegar:

Si despertar son mil quilates, de gloria bendita
mejor soñarme remendando, velas marchitas
que ya estoy harto de remar, compañera soledad
de tu puerta hasta la mía. (más…)

Berlín

Aprender alemán y no morir en el intento

Por Ignacio Urquijo

«¡El alemán es una cebolla!» La metáfora, no demasiado complicada, se me ocurrió montando en bici. Gracias a que Berlín es una ciudad amable para las bicicletas -carriles especiales en casi todas las calles, semáforos particulares para los ciclistas, automóviles que suelen ceder el paso…-, he podido madurar la idea mientras pedaleaba: «El alemán no es más que una cebolla con todas sus capas, mientras que el inglés es como un arito frito, simple y fácil de tragar. En cambio la cebolla cruda requiere una determinación de hierro y derramar alguna lagrimilla para acabar con ella».

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