Zagreb, el nuevo hogar de mis zapatillas

Por Nacho Urquijo.

Hay días en los que no necesitas motivación para salir a correr. El sol brilla alto y el mono por hacer ejercicio te empuja a la calle y acabas corriendo un par de kilómetros más de los previstos. Hasta llegar a este punto, he tenido que pasar por muchas otras carreras laboriosas, arrebatadas a la pereza.

Pero hoy mi contador de carreras registradas ha llegado a 250 y he alcanzado el punto de necesitar estas escapadas para sentirme bien. Si no consigo salir durante una semana entera me entra un hormigueo porl el pecho que me impide quedarme en el sofá en paz y, antes de darme cuenta, encuentro treinta minutos robados a otras tereas olvidables y me encuentro a mí mismo corriendo a horas intempestivas por las calles de siempre, las que han cambiado tanto a lo largo de los últimos años.

De la rivera del berlinés Spree, donde a empezar a salir de forma regular para desestresarme, al canal de Ámsterdam que desemboca en el mar, pasando por otro Canal más seco, el del centro de Madrid, y mi querido parque Bazilescu y su kilómetro de diámetro, con paradas en tantas ciudades de paso en las que he encontrado aceras por las que correr hacia ninguna parte, hasta llegar, de momento, a la pista de tierra rojiza del nuevo hogar de mis zapatillas, Zagreb.

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