Sólo damas

Por Almudena Barragán.

Tacubaya es el infierno. Un averno de escaleras mecánicas paradas, calor y superpoblación. Tacubaya es una de las estaciones más transitadas por las hormiguitas cada día en Distrito Federal. Tiene el color de los colores mezclados. Café, rosa y naranja para unir el sur con el norte; y el este con el oeste.

Es un cueva, una caverna sin fin que se abre paso dentro del suelo, conectada por mil galerías, pasillos, vías y andenes. Tacubaya tiene el sonido de los sonidos. Chirrido de raíles, voces que se juntan empalagosas, lloros, risas y algún cantante despistado. Una orquesta de voces que venden vigorosas sus productos y que en armonía perfecta, entonan la banda sonora de todos los días. Todos juntos, todos a la vez y sin embargo, tomando la palabra en perfecta coordinación:

– ¡Ha salido el Gráfico, el Gráfico, 4 pesos!/ – ¡Hay Gorditas de nata, 3 por 10 pesos!/ – ¡Llévate un litro y medio de agua, 8 pesos!/ – ¡Pasitas con chocolate, hay pasitas con chocolate!/ – ¡Cuatro churros, cuatro churroooooooooos!/ -¿Tiene un peso que me regale?/ -¿Buenos días, quiere apoyar al Teletón?

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El andén termina donde la hilera de pies a punto de caer a la vía lo permite. Amontonados, agolpados, Tacubaya escupe gente. Las ojeras, las camisas planchadas, repeinados, alguien se santigüa, y entonces entra el tren. Cadencioso, chirriante, abre sus puertas y se traga a los valientes que se atreven a montar en un vagón atascado de caras y vidas donde las historias se amontonan y se pillan con la puerta junto con alguna mochila, una zapatilla o los dedos de una mano lenta de reflejos.

Almudena Barragán

Y en la parte delantera del tren, los vagones “SOLO PARA DAMAS” completan el cuadro costumbrista del transporte público en la ciudad de México. Una sociedad achacosa de acosos y tocamientos indeseados, tuvo la idea de segregar para proteger. Las mexicanas se agolpan de la misma manera, pero más tranquilas viajando en primera fila en hora punta.

No al acoso

La que no aprovecha para leer, se maquilla con la precisión de un relojero delineando los ojos, los labios y hasta las cejas; hay otras que optan por dormir mientras el rulo que las sujeta el flequillo da tumbos con los traqueteos del tren. Y luego están mis favoritas, las mujeres que rizan sus pestañas con rímel y una cucharita de café en un par de estaciones. Rapidez y presteza de alta gama.

Mientras tanto más vendedores ofrecen lo que tienen, saltando de vagón en vagón. Hay cortauñas para uñas difíciles, lo mejor de la cumbia, el rock, la salsa, paletas de cajeta, mapas del DF, libros de autoayuda, chicles y hasta recopilatorios sobre la historia del narco: “Si mira, damita, caballero, te vas a llevar a la venta la historia de las familias más poderosas del crimen organizado. La familia Michoacana, el cártel del Golfo, los Zetas y la vida de Jesús Malverdeeeeeeeeee”. Mapa sonoro de la ciudad de México que viaja bajo tierra, a oscuras, en tren.

Autora
Almudena Barragán
http://hemisferiozero.com/author/almudena/
@Muna_Bargan

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