Se hace camino dentro de un taxi

Por Laila M. Rey.


“Caminante no hay camino, se hace camino al andar.”
A veces me sorprendo repitiendo inconscientemente esta frase de Machado, sobre todo cuando el camino marcado se difumina y ya no hay más asideros ni subterfugios que tu propio yo mirando un punto lejano en el horizonte, llamémosle destino, muerte o vete tú a saber.

Hay trabajos que amenizan el trayecto, o si no que pregunten a los taxistas de Amman. Ellos sí que saben sortear la rutina mortal que nos arruga la piel. A veces no, pero a veces sí. A veces el día ya parece marcado desde el mismo momento en el que te adentras en el mundo móvil de otra persona.

En horas de máxima circulación transitan por la capital del Reino unos 1,8 millones de vehículos, ya que los jordanos que disponen de coche propio apenas recurren al transporte público. Los autobuses sólo cubren trayectos muy reducidos y el gasto en taxi no suele compensar a final de mes.

Pero entrar en ellos, en cualquier taxi, es dejarse llevar por un pequeño trozo de sus gentes: es el olor que desprende el tapizado, el cuidado de los asientos traseros, el objeto colgando del retrovisor, la ventanilla abierta, el cigarro en la mano, el café dando vueltas en el salpicadero, la radio con la recitación del Corán, el dabke a todo volumen o un programa radiofónico sobre el tráfico matutino. Sin contar la actitud del conductor: conversador o retraído, curioso o desconfiado, experimentado o novato, sociable o reservado. Los días van sumando el complejo puzle de identidades que nutren Jordania.

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Hoy quiero compartir con vosotros cinco recomendaciones que me han ayudado para afrontar situaciones en transporte público:

  • 1. “Ia3tiki al 3afie” (الله يعطيك العافية), es la abreviatura más utilizada tanto para entrar en el vehículo como para indicarle que se detenga. Significa  “que Dios te de salud” y se utiliza también en otras situaciones que implican actividad física o intelectual, incluso para empezar conversaciones.
  • 2. “Know your way around”. Los taxistas se orientan por zonas y lo primero que preguntan es el nombre del barrio al que te diriges, como al-Lweibdeh, Jebel Amman o Abdoun. Después les indicarás un punto de referencia dentro del distrito que más cerca quede de tu destino.
  • 3. “Encienda el taxímetro” (شغل العداد) (grupo de FB). En Amman existen varios medios de transporte público para desplazarse: el más común para traslados cortos es el taxi amarillo, que normalmente podrás encontrar con relativa asiduidad en las avenidas principales o incluso en barrios residenciales, dependiendo del día de la semana y la franja horaria. Observa siempre que lleve encendido el contador. Si se niega a utilizarlo lo mejor es bajarse del taxi. Esto suele ocurrir en horas de máxima circulación de vehículos, normalmente los domingos y jueves, y sobre todo a partir de las cinco, que es el momento de máximo apogeo. Durante esas horas, los conductores saben que el tráfico les perjudica y te preguntan directamente los dinares que estés dispuesto a pagar por llevarte, antes incluso de entrar en el taxi. Esta imagen representa muy bien lo que suele ocurrir como mínimo una vez a la semana:
Bueno, jefe... ¿Adónde le gustaría ir?
Bueno, jefe… ¿Adónde le gustaría ir?
  • 4. “Follow the White rabbit”. También llamados  “service” Taxi o taxis compartidos. El viaje en los taxis blancos suele oscilar entre 35 y 50 piastras. Aparcan en determinadas calles y te llevan a un barrio en concreto. El barrio suele estar escrito en árabe en la parte lateral del vehículo. Por ejemplo, en la calle Shabshugh -en el centro de la ciudad- salen services hacia el barrio de Abdali. También hay services que te llevan a la periferia, algunos salen desde tela3 al masdar, cerca de la mezquita Hussein. Lo único negativo es esperar hasta que el vehículo se llene, a veces durante un tiempo estimado de hasta 15 minutos.
  • 5. “Ladies on the front seat”. Normalmente los jordanos son educados y te ceden el asiento delantero cuando está completo el vehículo. No soy de las que se quejan cuando me toca atrás, pero no es lo más recomendable “socialmente”. Igual que cuando a veces todos los pasajeros se bajan y el taxi se vacía, es preferible salir del vehículo y sentarse detrás. Alguna vez han abierto la puerta delantera y me han invitado amablemente a que ocupe el lugar que han dejado libre atrás.

Todos los “jordaleños” en Amman saben que los taxis dan para mucho más que estas palabras. La primera experiencia fue la peor. Buscaba un centro de idiomas para poner un anuncio como profesora de español y como no sabía donde quedaba exactamente, el conductor me dejó donde quiso y me cobró el triple. Estuve caminando bajo el sol de julio durante media hora hasta que lo encontré.

Lo importante es no parecer novata porque son sabuesos profesionales: huelen al extranjero desde la otra punta de la carretera. Para los que quieren aprender árabe,  recomiendo memorizar un par de frases. A veces en el momento que cruzas dos palabras en árabe la actitud cambia. A veces sirve para que se envalentonen más. Bájate del taxi a la mínima impertinencia porque otra cosa no pero taxis hay muchos más.

Tal y como prometí al mejor conductor de taxi que he conocido, terminaré con esta historia. Había quedado con la dueña de un piso que alquilaba una habitación cerca de la universidad. Con las prisas me dejé el móvil en el asiento del taxi. No me di cuenta hasta que salí del piso y me puse a buscarlo. Como era el móvil español, me pasé una hora llamando a ese número desde el teléfono jordano, pero nadie contestaba.

Me dejé caer en una parada de autobús por la que no pasó ni autobús ni taxi en una hora larga hasta que vi que aparecía uno. Era el mismo conductor que me había traído y me enseñaba mi móvil por la ventanilla. Ese día recuperé mi esperanza en la humanidad. “Lo siento, he oído que sonaba pero no sabía cómo cogerlo”, me decía. “No te lo vas a creer, pero cuando te he dejado aquí, he vuelto al balad y se han subido unos sirios y se han encontrado tu móvil. Una de las niñas me ha dicho que era idéntico al de una chica rubia que trabaja en el mismo hotel donde se hospedan. Por eso he vuelto”. Eran los refugiados sirios con los que había charlado la noche anterior en la azotea del hotel mientras esperaban a que les concedieran la visa para ir a Suecia.

“No hubiera podido dormir hasta que te lo hubiera devuelto.” Cuando le conté que era periodista, me dijo que “no me olvidara de decir que los taxistas en Amman tienen buen corazón”. Desde luego él lo tenía. Le di propina.

Autora (texto y fotos)
Laila M. Rey
laverdadtrasvisible.blogspot.com
@laila_mu

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