¿Por qué Bucarest?

Por Nacho Urquijo.

Vuelvo a España por Navidad y me encuentro con conocidos a los que hace tiempo que no veo, ni siquiera por Facebook (que ya es decir). Así que toca resumir tu existencia en un par de frases concisas, como si eso fuera posible, para ponerse al día de forma educada sobre los progresos vitales. Después de varios encuentros, puedo ya reconstruir el patrón de conversación: primero me preguntan por dónde ando ahora. Les respondo que por Bucarest. Acto seguido vienen ojos en blanco por parte de mi interlocutor. A veces provocados por el esfuerzo de discernir la diferencia entre Bucarest y Budapest (yo también solía confundirlos). Cuando por fin les confirmo que sí, que me he ido a vivir a la capital de Rumanía, lo siguiente que me suelen espetar es un sorprendido “¿por qué?”. A veces, directamente, es un “¿para qué?”, que es similar al por qué pero suele estar seguido por un “narices te has ido allí”, o alguna palabra peor.

Cuando vivía en Berlín nadie me preguntaba nada más después de contarles dónde estaba. Me decían “qué bien, qué suerte, vaya aventura, estarás aprendiendo mucho”. Y sí, era una suerte, una aventura y aprendí un montón. Aprendí que hay muchísimos emigrantes españoles, italianos, portugueses y griegos pasándolas canutas en la capital alemana. Multitud de jóvenes viviendo allí como fin en lugar de como medio. Porque suena bien volver al pueblo y anunciar con orgullo que “vivo en Berlín”, aunque apenas llegues a fin de mes y tengas que trabajar en algo que no tiene nada que ver con tu profesión. Normalmente un minijob, a menudo ni eso. Pero residir en Berlín se sostiene por sí solo. Queda muy bien como estado en las redes sociales y se pueden hacer fotos fácilmente ‘instagrameables’ (por suerte ese vocablo todavía no existe).

Ahora que vivo en Bucarest, una ciudad que en muchos sentidos me está tratando mejor de lo que me trató Berlín, tengo que excusar mi decisión y luchar con clichés desde el comienzo de cualquier conversación. No, nadie me ha robado y me siento muy seguro por la calle. Sí, hay internet (el más rápido de la Unión Europea, por cierto). Y sí, sencillamente se puede ser feliz y enriquecerse culturalmente fuera del circuito habitual Londres-Roma-Berlín-París. Se puede y además resulta más sencillo y barato, porque Bucarest no tiene que cargar con el peso de su propia fama. Los eventos culturales, que abundan, tienen precios asequibles y no hace falta ser amigo de nadie para que te acepten en el último lugar de moda.

Pido disculpas por el tono cabreado, pero ya es la segunda vez que me pasa. Ya me ocurrió cuando me fui a estudiar a Madrid y tenía que defender Cáceres. Contarles a mis nuevos compañeros de la capital que en Cáceres no teníamos cerdos por mascotas ni todos vestíamos de negro con un pañuelo a la cabeza como en la película de Buñuel . A veces, los que nos creemos viviendo en el centro del mundo, terminamos por no salir de él, y acabamos siendo más incultos que aquellos de los que nos compadecemos.

Texto
Ignacio Urquijo
ignaciourquijo.wordpress.com
@NachoUrquijo

Este artículo fue publicado originalmente en El Periódico Extremadura.

3 comentarios

  1. Que razón llevas, compañero. Muy buen artículo, con necesario tono. Yo he vivido en varios lugares ya que se creían el centro del mundo, y han resultado estar poblados por personas con menos cultura que muchos de los lugares a los que criticaban.

    Un fuerte abrazo desde Barcelona.

  2. monique dice: Responder

    Me ha gustado mucho tu artículo y no porque soy de Rumanía a 150 km de Bucarest .Rumanía es un país maravilloso ,hay un montón de cosas bonitas que ver pero , los que nunca han salido no hacen más que criticar..

  3. Sofi Toro dice: Responder

    Excelente artículo también vivo en Bucarest y la experiencia ha sido mágica describiría yo

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