MTR

Por Laura Ledo.

El metro está siempre lleno cuando salgo del trabajo. A veces esquivar a tantísima gente que corre hacia todas direcciones hacia los trenes es divertido. A veces no. El metro es distinto según la hora del día, como en todas las ciudades, supongo. A las 8 de la mañana desde Hong Kong Station a Central te arrastra una marea silenciosa de gente camino del trabajo. Se oyen sólo los tacones con prisa contra el suelo, se balancean maletines a los costados de señores que trabajan en rascacielos. Todo el mundo lleva auriculares. Me pregunto como sería si al silencio este se le añadiera la melodía, la emisora, el podcast de cada individuo. Algunos aprietan los labios con reprobación ante quienes se atreven –¡pero bueno!– a pasear en el trayecto entre las dos estaciones. Hasta G. que vive en Madrid, se quedó impresionado con el espectáculo. Quizá lo más impactante de todo sea, al final, el orden.

Guille Rancel
HK Metro Kids. Por Guille Rancel.

Cuando salgo del trabajo suelo quedarme de pie en medio de algún vagón; así contrarresto un poco las horas que paso sentada y disfruto mejor del espectáculo. Quiero creer que en todas las grandes ciudades ocurre lo mismo, pero no lo sé a ciencia cierta: cientos de personas que quizá se crucen cada día de camino al trabajo o a dejar a los niños al colegio, se ignoran. Cientos de personas con sus cascos en los oídos y su móvil gigante de última generación –no importa, muchas veces, la edad del usuario– se abstraen durante todo el trayecto con algún videojuego de moda –de esos de colores o diamantes, pero he visto también algunos hombres “matando bichitos”–, viendo programas del corazón, series, leyendo el periódico y, por supuesto, consultando Facebook, Instagram, o cualquiera de ellas. No sé si G. y K. tendrán razón cuando dicen que en Madrid no es para tanto.

Ante tal panorama siempre buscas la excepción. A veces no hay excepciones y cuento todas las personas que están en el móvil. Casi nunca termino de contar: no me alcanza la vista. Hoy un hombre se distraía mirando la pantalla del Iphone del de al lado. Me río: será cotilla, pienso.  Dos asientos más allá, un señor algo mayor, con sus chanclas y su paraguas, dormitaba tranquilo, esperando, como en trance, a que la megafonía gritara “next station, Sheung Wan”. ¿Cómo consiguen despertarse en el momento oportuno? En el vagón de al lado una pareja joven se abraza. Este es otro fenómeno del MTR en Hong Kong: las parejitas fusionadas que resisten, parada tras parada, a los frenazos y acelerones del tren, a las oleadas repentinas que entran en algunas estaciones concurridas. Entonces se arrinconan aún más contra la puerta, mirándose a dos centímetros de distancia.

Mujeres que se maquillan con prisa por las mañanas, se peinan, se miran y remiran en espejitos redondos. Estudiantes que repasan por última vez sus apuntes, apurados. Algún romántico leyendo un libro, otro con la mirada perdida todo el trayecto. Sé que hay gente que dibuja. Niños diminutos con la tarjeta del metro colgando del cuello, se sientan con dificultad en los asientos rojos y se ríen con sus madres cuando el tren frena y la inercia los desliza. Trabajadoras del hogar que vuelven cargadas de la compra, jóvenes empresarios con bolsas de deporte del gimnasio de moda, un grupo de adolescentes en uniforme que sale –por fin– de la escuela y se ríe en el espacio entre los dos vagones. Una mujer con sus botas de montaña – y con suerte–, disfruta del día libre y se va a hacer un hike. Una pareja que discute y maldice el silencio. Alguna mirada furtiva te dice: ¿y tú, quién serás?

La de cosas que se puede perder uno consultando el timeline.

Laura Ledo
Laura Ledo


Texto y fotos:

Laura Ledo
@lauraledo7
Ilustración:
Guille Rancel
jaqueprimate.blogspot.ro
Publicado originalmente:
frenandoladeriva.wordpress.com

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