El Paso o la ciudad interrumpida

Por Ignacio Urquijo.

Tiene algo místico ver cómo las grandes llanuras de Texas son interrumpidas abruptamente por imponentes cadenas montañosas, como puntas de lanza rasgando sin contemplaciones inmensos bancos de nubes. Todo ese paisaje lleno de adjetivos grandilocuentes, que te hace sentir pequeño al ser divisado desde un avión, se ve interrumpido, de repente, por una gran valla construida por el ser humano.

Muro entre Nuevo México y México.

 

Este inmenso muro de metal marca los límites septentrionales de la idílica ciudad de El Paso. A la población en realidad siempre se la había denominado El Paso-Juárez, un conjunto urbano que hoy está separado por la valla fronteriza, dejando a Juárez en el lado mexicano y a El Paso en el estadounidense.

“En El Paso somos nosotros, los blancos, los inmigrantes”, nos contó el conductor del autobús que conecta el aeropuerto de El Paso con el centro de la ciudad. Dejando a un lado los comentarios racistas, en realidad se refería a que el 80 por ciento de los habitantes de El Paso son de origen hispanoamericano. La valla/muro que separa desde 2008 Juárez de El Paso apenas ha cambiado la morfología de la población. “Todos vamos y venimos con frecuencia a México. Lo único que ha conseguido el muro es que ahora tardemos más en llegar hasta allí, porque se forman colas muy largas en los puestos fronterizos”, explica una estudiante de la UTEP, la Universidad de Texas en El Paso.

La verdad es que uno intenta recordarse a sí mismo constantemente que no está en México, a pesar de las apariencias, sino en Estados Unidos. En ocasiones es sencillo, por ejemplo al visitar la citada universidad. Resulta difícil imaginar otro país del mundo que pudiera contener un campus universitario construido a imagen y semejanza de los templos budistas de Bután. Así, tal cual, en mitad del desierto americano, aparecen construcciones sacadas, literalmente, de las páginas de National Geographic. Porque fue la mujer del rector de la universidad a quien, en 1914, se le ocurrió que aquellos coloridos templos que aparecían en la famosa revista podrían lucir muy bien en las rocosas colinas de El Paso. Y ahí han quedado y se han expandido. Ahora lo raro sería encontrarse un edificio occidental entre tanto tejado colgante, incluyendo su estadio de fútbol.

El Paso, con sus casi 700.000 habitantes, es en efecto una ciudad peculiar. En una esquina puedes encontrarte la hamburguesería más típicamente americana que se pueda imaginar, al lado de la segunda hamburguesería más típicamente americana, junto a un ineludible Starbucks. Nada parece especial hasta que entras por una pequeña puerta de un edificio normal y te encuentras en el centro de una taquería repleta hasta los topes. La clientela, amenizada por una banda de mariachis, incluye en su mayoría a familias mexicanas con abuela incluida, degustando la misma comida que podrían encontrarse al otro lado de la frontera, pero junto a una pared en la que se expone orgullosamente una foto de Laura Bush, la mujer del presidente americano George W. Bush, oriundos de la zona.

También frecuentan el local militares silenciosos que han salido de una base cercana para descansar un rato de la rutina marcial y comerse unas enchiladas deshebradas o un burrito con ‘beans and cheese’. Son un recordatorio del estado de vigilancia constante en el que se encuentra El Paso, otrora escenario de películas de bandidos y forajidos y hoy proclamada una de las ciudades americanas más seguras de Estados Unidos.

Gran parte de la seguridad relativa a El Paso depende directamente de los agentes de la Border Patrol, algo similar al FBI, pero dedicado exclusivamente a las fronteras. Entre sus tareas está la de vigilar el citado muro que divide El Paso de la turbulenta Ciudad Juárez, una población con un índice de homicidio mayor que el de otras ciudades en Afganistán o Irak.

A pesar de eso, la tarea principal de los agentes de la Border Patrol no son los narcotraficantes, sino la de apresar a las personas que tratan de cruzar irregularmente la frontera entre México y Estados Unidos. Se produce entonces una circunstancia curiosa en la que el agente García persigue al emigrante García, porque en ambos lados del muro la población es del mismo origen. “Todos tenemos familiares en El Paso”, nos cuenta uno de los agentes de la Border Patrol, “un primo, un tío, un abuelo”. El mismo agente nos explicó que el día en que terminaron de levantar el muro de hierro, muchos de los trabajadores en El Paso no aparecieron en su puesto de trabajo a primera hora, simplemente porque les había llevado más tiempo del previsto cruzar la frontera desde Juárez.

El muro/valla entre Estados Unidos y México a la altura de Nuevo México.

Los que intentan cruzar irregularmente vienen desde un poco más lejos y el viaje se ha alargado aún más desde que construyeron el muro. Son muchos los que dicen que la valla muro no funciona, que lo único que ha conseguido es que aquellos que en el pasado entraban irregularmente caminando desde el punto A hasta el punto B, ahora tengan que desviar su ruta para evitar el muro, ya sea atravesando un río, un desierto o una montaña. Todas esas circunstancias convierten el viaje en más costoso y, lo que es más triste, en mucho más peligroso, lo cual se ha transformado en muchos más fallecidos a causa del viaje.

Gráfica elaborada por Vox para la pieza documental ‘The wall of eyes trained on the US – Mexico border’ (Youtube).

 

El viaje es más largo y se cobra más víctimas, pero la gente sigue pasando. Entonces, ¿para qué sirve el muro? De momento, para separar artificialmente las ciudades hermanas de El Paso y Juárez. Pero la naturaleza tiende a su estado natural y encuentra la manera de reajustarse. En la mencionada taquería, por ejemplo, está prohibido vender tequila por orden del Estado de Texas. La solución natural: invitar al cliente a traer su botella de casa.

En primer plano, El Paso, en segundo, Ciudad Juárez. Aunque no se ve la diferencia.


Texto y fotos

Ignacio Urquijo
@NachoUrquijo

 

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