De Sevilla a Bruselas

Por Nati Gálvez.

Cada uno y cada una, tomamos una serie de decisiones en la vida, creemos que las tomamos nosotros pero las toman nuestras circunstancias.

Las mías son: mujer de 44 años. Profesional de la Sociología, con 16 años de experiencia a mis espaldas, andaluza, enamorada y madre de dos hijos. Familia y amigos en perfecto estado de vigor… Todo en orden para desarrollar una vida de calidad. Mi ciudad de partida: Sevilla, mi ciudad de destino: Bruselas. ¿Cuándo? Hace casi 9 meses.

Pertenezco a ese segmento de expatriados económicos. El paro y la falta de oportunidades en nuestra tierra nos hizo emigrar con todo el equipo, al más puro estilo de los años 60. Tanto mi marido como yo somos profesionales, y hace 8 meses profesionales en paro. Mi profesión es la más bonita del mundo, pero no la más rentable, así que elegimos como tabla de salvación la de él, que es ingeniero informático. ¡¡Guau!!

Nuestra decisión tuvo que ser en clave familiar. Quizá muchas de las personas que lean esto se sientan identificadas, ya que después de tanto tiempo trabajando tienes derecho a seguir buscando lo mejor para tu familia y si no está en casa, nuestra decisión fue buscarlo fuera, pero lo que estaba claro es que había que intentar algo. He de decir, honestamente, que no fue nuestra primera opción, ya que un año y medio atrás intentamos montar nuestra propia empresa, pero al ver que los resultados no daban para mantener a nuestra familia, creímos que no debíamos esperar más.

La catedral de Sevilla.

PRIMER ACTO

La toma de decisión.
Argumentos a favor: el sustento familiar, la progresión profesional, la valoración económica de tu trayectoria y tus conocimientos, la educación de tus hijos, los idiomas para tus hijos, la experiencia vital en un ambiente cosmopolita y multicultural, en este caso tanto para ti, como para la pareja, como para tus hijos. El marcarte un horizonte temporal finito y una vuelta.

Argumentos en contra: la limitación del idioma (en mi caso), el desarraigo, el abandono de lo material, la organización familiar lejos de los tuyos y sin ningún tipo de apoyo, los costes que eso conllevará para cada uno de los miembros de la familia……….. La morriña.

A mi marido le surgió la oportunidad, y decidimos aprovecharla. Y nuestra mejor oportunidad se materializó hacia Bruselas, capital europea.

sevilla
Rincón sevillano.

La preparación.

Por supuesto, en un mes de Mayo no desmontamos un campo familiar y montamos otro, te juegas el curso de los niños y no hay necesidad que empezar de este modo. Así que, en nuestro caso, primero se fue él y yo me quedé a la retaguardia. Este papel, al ser el caso de la adulta de la familia que no ha conseguido el trabajo remunerado, te acompañará durante un tiempo (en mi caso me acompaña aún) y se va a convertir en tu rol principal.

Me gustaría detenerme en esto, ya que generalmente es un rol ocupado por mujeres, sobre todo en el caso de mujer y madre, y lo digo porque me he encontrado con muchas españolas, pero también japoneas, italianas, eslovacas, rusas, mozambiqueñas o turcas que han corroborado el modelo. El primer consejo que me atrevo a dar, si estás en esta situación, es que te prepares psicológicamente, sobre todo si nunca antes lo has ejercido en tu vida y en exclusiva, como fue mi caso. Yo decidí convertirme en una profesional de la retaguardia, pero sin olvidarme nunca de mi evolución personal, aunque fuese en un segundo término.

Así que, en primera persona, cogí la batuta y me dediqué a abrir un camino, a machetazo limpio, que os voy a intentar contar durante ésta y las próximas entradas. Sin pretensión de aburriros y con la ilusión de ayudaros si os encontráis en circunstancias similares a “Yo y las mías”, y aclarando que no pretendo sentar cátedra ni invalidar las experiencias vividas por otras personas, sólo contar cómo lo vi yo.

Empezar por el principio.

1.- Buscamos un piso compartido para mi marido. A sus 40 años volvió a la vida de estudiante. Con sus costes personales, para ti y para él. La distancia, las vidas separadas, las nuevas responsabilidades para él, las nuevas responsabilidades todas juntas para ti. Todo ello fue difícil y bonito. Haces piña y piensas “ninguna puta crisis del mundo va a romper mi proyecto familiar”, no me da la gana. Y, perdón por la expresión, pero “aprietas el culo y tiras palante”.

2.- Búsqueda de colegios y de barrio al unísono. Nos informamos de los barrios más recomendables para una familia como la nuestra. En Bruselas están los barrios residenciales, para mí “aburridos” y un poco más pijos. Y luego los más complicados para vivir en familia, por tener mayor trasiego e inseguridad. Así pues, después de leer un poco y guiarnos por nuestro sentido común nos decidimos por asenternos en Etterbeck o en Ixelles. Aunque he de decir que la mayoría de los españoles que trabajan en Instituciones Europeas suelen residir también en la Comuna de Bruxelles y en concreto por la zona de Ambiorix. Si me permitís, los más difícil y complicado fue la elección de colegio, así que lo contaré más adelante con pelos y señales, para los padres y madres interesados.

3.- Una vez nos admitieron en un colegio francófono empezamos la búsqueda de casa por ese barrio. Los apartamentos en Bruselas son más caros que en España si vives en una ciudad como Sevilla. Si vives en Madrid, Barcelona o Bilbao, son más o menos igual. Lo que sí te vas a encontrar son más compromisos, más gastos, más seguros, siempre, menos derechos como alquilado y más para el dueño. La mayor parte de los pisos que vi yo por internet y mi marido físicamente solían ser cuchitriles a precio de grandes apartamentos; aunque después de visitar una veintena de ellos, la constancia nos llevó al que nos quedamos. Un gran salón, dos dormitorios, garaje y muchísima luz. Chouette!

4.- Desmontar tu casa y montar otra. La mayor parte de los pisos a alquilar, cuando vas a trabajar y, con o sin familia a cuestas, están sin amueblar. Si quieres alquilar un piso amueblado es mucho más caro porque se supone que vas de paso. Alquilamos un piso vacío y nos comprometimos por contrato a tres años de permanencia (esto es lo más habitual aquí). Lo que hace mucha gente si se tiene que marchar es buscar otros inquilinos que continúen hasta los tres años, para así no tener que pagar las penalizaciones, que en nuestro caso son tres meses de alquiler si te vas en el primer año, dos si te vas en el segundo y uno si es durante el último. Y también te tendrás que gastar del orden de 150 y 200 euros en hacer un “Etat de lieu”, que certifica cómo te encuentras el piso (viene un perito a hacértelo) y cómo lo debes dejar. Se paga a medias con el dueño y le cuesta eso a cada uno.

Como os iba contando, puse mi dúplex con terraza de Sevilla en alquiler, y tuve suerte, lo alquilé a la primera. Dejaba mis muebles al completo, pero nuestras pertenencias las distribuí de la siguiente manera: trastero, furgoneta con destino a Bruselas, mercadillo organizado en el portal de mi bloque de Sevilla y regalos a los amigos. Caen muchas lágrimas cuando haces las cajas de cartón, cuando bajas tus libros al trastero y te despides de tus fotos…, pero os digo por experiencia que una vez cierras los precintos y metes lo que te llevas contigo, ni miras para atrás ni lo vuelves a echar de menos. Lo que realmente echas en falta es a las personas. Siempre y en todo momento durante estos 8 meses ha sido así.

5.- El viaje.
Finalmente organizas una furgoneta, la llenas, coges tu coche, metes a tus niños, te despides de todos, todos se despiden de ti y atraviesas España y Francia. Jamás olvidaré nuestras caras aquella mañana de Agosto. Los niños (en mi caso de 7 y 9 años) serios, con sus pijamas aún puestos y sus juguetes en la mano. Yo lloraba y él con los ojos desencajados, dientes apretados y mirada fija en la carretera. Creo que un puñetazo se hubiese llevado más de uno si se le hubiese puesto por delante; y cada uno que ponga los nombres que se le ocurran en su cabeza. Los sentimientos y las preguntas se multiplican en tu cabeza ¿Por qué? ¿Por qué nosotros?

¿Qué pasará? ¿Cómo nos irá? ¿Qué coño ha pasado que estamos metidos en este lío?…. Pero tiras “carretera y manta” y es lo que te hace, conforme van pasando los kilómentros; el cambiar la ira, la indignación, la congoja y el miedo; por la ilusión, la energía y la alegría por tener una oportunidad ante tí que has de aprovechar al máximo.

Continuará……..

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Autora (texto y fotos)
Natividad Gálvez

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18 comentarios

  1. LUPE CABRERA dice: Responder

    Sois unos luchadores, valientes y campeones!!!!!

    1. nati gálvez dice: Responder

      Lupe gracias por leerlo y por dejar tu comentario. Cada uno vive como mejor lo ve. Todos lo hacemos. Aunque lo cierto es que la categoría de expatriado te da otra perspectiva de la vida. Ni mejor ni peor, pero ya diferente para siempre

  2. María Carmen Carvajal dice: Responder

    Casi no puedo terminar el punto cinco, se me ha nublado la vista.
    Espero esa continuación ansiosamente.

    1. nati gálvez dice: Responder

      Mari Carmen. Me alegra muchísimo que te haya conmovido, eso quiere decir que muchas personas se pueden identificar y que también le puede ayudar a alguien. Con eso ya se habría cumplido mi primer objetivo. Gracias

  3. Me encanta hermana como explicas las cosas desde el corazón y sin demagogia con esa forma de ver las cosas siempre saldrás a delante un abrazo muy fuerte

    1. nati gálvez dice: Responder

      Los Gálvez por el mundo, aquí, allí o allá a luchadores no nos ganarán. ¿Verdad que no, hermano?. A por todas y después ya se verá.

  4. joaquin galvez calzado dice: Responder

    Gracias en nombre de todos por este relato tan emotivo que la prima Isabel acaba de leerselo a una audiencia concurrida y aun despues de haberlo leido ya no he podido evitar que se me pongan los pelos como escarpias. Un abrazo muy fuerte de tu hermano el cabezon.

    1. Natividad Gálvez Calzado dice: Responder

      Jajajaja. Gracias a vosotros, que sois únicos

  5. Carmen y Juan desde Lucena dice: Responder

    Me duele que gente tan válida profesionalmente y sobre todo con tantos valores personales tengan que dejar su país, el rincón en el mundo donde crearon su hogar y dejaron al resto de su familia y a sus amigos, porque otros no han sabido hacer las cosas bien o lo que sea. Pero me duele infinitamente más cuando son mis amigos los que tienen que marchar (vosotros), aunque sepa que sois capaces de vencer a las dificultades con esa fuerza que solo los grandes tienen y vosotros habéis demostrado tener. Os admiro, os quiero, os echo de menos.

  6. nati gálvez dice: Responder

    Es cierto, Carmen y Juan. Entristece tener que expatriarte y ofrecer a lugares que no te dieron nada hasta ahora todo lo que aprendiste entre los tuyos. No es deseable. Es empobrecedor para un país. Pero es la realidad que vivimos muchos españoles y españolas en estos tiempos. Aprenderemos de ello y mejoraremos seguro. Gracias, mil. Y besos un millón.

  7. Daniel dice: Responder

    Me he sentido muy identificado con tu historia, ya que a mi también me tocó emigrar con mi novia y también vivo en Bruselas desde hace ya tres años. Aunque creo que lo vuestro tiene mucho más mérito, ya que hay que echarle mucho valor para emigrar con 44 años y dos hijos. Mi novia y yo, quieras que no, aún somos jóvenes con lo que nos adaptamos más fácilmente y además no tenemos hijos, lo que facilita mucho la transición. Por eso no puedo más que aplaudir el valor que le habéis echado y cómo habéis decidido darle la cara a la crisis en lugar de lamentaros de vuestra suerte sin hacer nada por cambiarla.

    A mí también me llena de rabia ver a los políticos españoles por la televisión presumiendo de gestión, de recuperación, de no se sabe qué. Y mientras tanto nosotros nos tenemos que ir porque entre unos y otros se han cargado lo poco que tenía España. Y aquí estamos, teniendo que soportar como ellos atribuyen la emigración masiva a nuestro “espíritu aventurero” o cómo nos privan de la sanidad pública con nocturnidad y alevosía.

    En fin, si algo bueno hay que sacar de todo esto es que, después de casi 5 años fuera de mi país (también viví en París), te puedo asegurar que esto te abre la mente de una forma que por mucho que te expliquen solo entenderás cuando te pase. Que, además, tus hijos crecerán con una riqueza cultural y una apertura de ideas superior a la que tendrían de no haber vivido en Bruselas. Y que, al final, la vida te lleva por donde te lleva, y no hay que arrepentirse de nada, solo disfrutar el camino!

    Un saludo!

    1. Natividad Gálvez Calzado dice: Responder

      Muchísimas gracias Daniel. La valentía viene por vivir tu vida, y la que nos toca nos toca y no está como para desperdiciarla, sino para darle la vuelta a tu estilo y ser feliz, como has hecho tú y tu novia. Gracias por tu comentario y mucha fuerza, que ya veo que tienes.

  8. Eva dice: Responder

    Hola Nati, acabo de leer tu escrito sobre vuestra partida. Gracias. Eres un sol.

    1. Natividad Gálvez Calzado dice: Responder

      Hola Eva. Y gracias a tí por encontrarme. Besos

  9. NOELIA dice: Responder

    HOLA, ACABO DE DESCUBRIR TUS ARTICULOS Y AUN NO HE PODIDO CERRAR LA BOCA…YO SOY DE SEVILLA, MI MARIDO HA ESTADO DOS AÑOS VIVIENDO EN BRUSELAS Y MANAÑA HACE UNA SEMANA QUE LLEGUE YO CON LOS NIÑOS….

    1. Natividad Gálvez Calzado dice: Responder

      Hola Noelia. He estado de vacaciones y acabo de ver tu comentario. Qué tal os va? ¿Qué tal los niños? Los comienzos son difíciles, pero bonitos. Te deseo toda la suerte del mundo y todas las energías de las que dispongas. Si necesitas algo no dudes en escribirme. Besos

  10. Ana dice: Responder

    Me encanta este blog!!. Te he encontrado de casualidad y demuestras que sois una familia de campeones!!!. No es fácil hacer las maletas y coger a tus hijos y espos@ y marchar dejándolo todo!!!. Espero que todo os vaya genial y deciros que vuestro final o mejor dicho vuestro día a día ira cada vez mejor…. Anita.

    1. Nati dice: Responder

      Muchísimas gracias Ana. Este blog es algo que cada uno de los que escribimos y cada uno de los que lo leeis interpreta y utiliza para la expresión libre de algo que ocurre entre los españoles en este momento. Y estoy de acuerdo contigo, eso es maravilloso. Al menos encontrar a gente como tú es muy gratificante. Besos.

  11. […] y pusimos nuestro nido gracias a nuestro trabajo. Hijos andaluces, hijos de Andalucía.     ¿Qué piensas cuando decides abandonar todo eso para irte a Bruselas? Pues, paradójicamente piensas en todo eso, pero en esa balanza pesa mucho más lo último: Tu […]

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